Los niños duermen distinto

… y tienen buenos motivos para ello

Los bebés y los niños pequeños pasan mucha parte de su tiempo durmiendo. Esto es tan importante para su desarollo como el estar despiertos. Pero, a veces, la cosa más natural del mundo se vuelve complicada y en muchas familias es causa de conflicto, estrés y verdaderos dramas. ¿Por qué es así?

Del doctor Renz-Polster, autor del libro «Schlaf gut, Baby!» («¡Duerme bien bebé!»)

El sueño de los niños

Incluso nosotros los adultos sabemos que no es tan fácil dormir. Al contrario que con la mayoría de las demás cosas de la vida, no podemos dormirnos mediante esfuerzo. Al contrario: uno se duerme mediante el relax. El sueño tiene que encontrarnos a nosotros y no al revés. La naturaleza lo ha dispuesto así por un buen motivo. Cuando dormimos dejamos de controlar. Estamos indefensos, sin control sobre nuestro pensamiento ni nuestro cuerpo. Por tanto el sueño sólo aparece bajo determinadas circunstancias; cuando nos sentimos seguros y a salvo. Sin ruidos ni sonidos que perturben. Por eso no es de extrañar que antes de irnos a dormir pensemosm si hemos cerrado con llave la puerta. Sólo cuando nos sentimos seguros podemos relajarnos y sólo cuando nos relajamos podemos dormir.

¿Y para los niños? Es exactamente lo mismo. Ellos también necesitan determinadas circunstancias, las cuales indentifican rápidamente los padres. Sí, los niños quieren sentirse llenos, abrigados y cansados (a veces nos olvidamos de esto último). Pero aún así ellos también se preguntan, ¿estoy seguro, protegido y a salvo?

El sueño de los niños

Dos dificultades

¿De dónde sacan los bebés su sensación de seguridad? Al contrario que los adultos no la sacan de sí mismos y eso es algo bueno: ¿cómo podría un bebé cazar un lobo? ¿cómo podría ocuparse de cubrirse si hubiera fuego? ¿cómo podría sacarse él solo un mosquito de la nariz? Los niños absorben su sensación de seguridad de aquellos que la naturaleza ha nombrado para protegerlos: sus padres. Por eso siempre se presenta la misma dificultad cuando un niño pequeño está cansado. Una especie de hilo invisible se tensa en torno a él y le hace acercarse a su persona de confianza, por la fuerza. Si el niño no encuentra a nadie se ve desamparado y llora. La tensión que esto les provoca acaba con la esperanza de que vayan a dormirse rápidamente…

Pero eso no es todo. Los pequeños traen consigo otro legado más a la vida. Los niños humanos llegan al mundo en un estado mucho más inmaduro que el resto de mamíferos. Sobre todo al principio, su cerebro se encuentra en una fase inicial y ¡su tamaño se triplicará en sus tres primeros años de vida! Este grado de desarrollo tiene sus influencias en el sueño infantil. Incluso después de dormido, el cerebro del bebé sigue activo durante un largo periodo. Crea nuevas conexiones y crece en el sentido más real de la palabra. Esto requiere mucha energía y es por eso que los bebés se despiertan más a menudo para «repostar». Además este sueño de maduración es ligero y lleno de sueños, por eso es difícil volver a acostarlos sin que se vuelvan a asustar.

Dos dificultades

Cómo duermen los bebés

Existen buenas razones por las que los bebés duermen de manera diferente a los adultos. Vamos a resumir lo que conocemos sobre el sueño de los niños.

Los niños pequeños tienen una necesidad de dormir muy diferente. Así como algunos niños son unos buenos «comedores», otros resultan ser unos dormilones ¡y al revés! Algunos bebés recién nacidos duermen 11 horas mientras que otros duermen 20 (duermen unas 14’5 horas de media). Con seis meses a algunos bebés les es suficiente con dormir 9 horas, pero otros necesitan hasta 17 (de media duermen unas 13 horas). En su segundo año de vida, la necesidad de dormir diaria se encuentra en unas 12 horas, según el niño +/- 2 horas. Con cinco años muchos niños duermen 9 horas mientras que otros siguen necesitando 14.

Los niños pequeños necesitan un tiempo para encontrar su ritmo. Mientras que el sueño en un recién nacido se reparte entre el día y la noche, a partir del segundo o tercer mes ya se puede reconocer un patrón: muchos de los bebés ya duermen una gran parte de noche. Sin embargo, la mayoría de bebés con cinco o seis meses siguen realizando unos 3 sueños por el día y unos meses más tarde suelen realizar 2. En cuanto pueden caminar les suele bastar con una única siesta diaria, aunque no a todos. Y con cuatro o como máximo cinco años para la mayoría de los niños esto pasa a la historia.

Es más bien extraño que un bebé duerma la noche de un tirón. Científicamente se considera que un bebé duerme de un tirón cuando, según informaciones de los padres, el bebé duerme desde medianoche hasta las cinco de la mañana sin despertarse. En los primeros 6 meses de vida (según los padres) el 86% de los bebés se despierta regularmente por la noche. Un tercio de ellos incluso tres veces o más. Entre los 13 y los 18 meses aún 2/3 de los bebés siguen despertándose con frecuencia por la noche. Los niños suelen despertarse más que las niñas (pero menos tiempo). Los niños que maman tardan más en dormir de un tirón que los niños que no lo hacen.

Cómo duermen los bebés

Patrones de sueño

La manera de dormir de los bebés básicamente no es diferente a la de los adultos: un bebé no quiere solo estar cansado, abrigado y saciado, también quiere sentirse seguro. Y para ello necesita primeramente a su compañero adulto, unos niños con más urgencia que otros o más tiempo que otros. Si un niño tiene al alguien que le quiera a la hora de dormirse, entonces construye una seguridad, su propio «hogar del sueño».

Por tanto es un error cuando los padres piensan que, a la hora de dormir al niño, el truco está en encontrar la manera de que se duerman de repente. Esto no existe y si lo hace, sólo funciona con el vecino.

También es un malentendido pensar que mimamos en exceso a los niños si les acompañamos mientras se duermen, porque esto es algo que esperan de forma natural. Durante el 99% de la historia de la humanidad un bebé durmiente y solitario no habría sobrevivido a la noche. Habría sido devorado por hienas, por serpientes o muerto por un frente frío. Y aunque estaban acompañados los pequeños crecían fuertes e independientes. ¡Gracias a acostumbrarse a la cercanía!

Y tampoco deberíamos perturbar a los bebés mientras duermen si ellos no pueden dormir solos. Ellos funcionan perfectamente. El pediatra español Carlos Gonzales dijo una vez: «Si alguien me quita el colchón y me obliga a dormir en el suelo me sería muy difícil conciliar el sueño. ¿Quiere decir esto que tengo insomnio? ¡Por supuesto que no! ¡Devuélveme mi colchón y verás lo bien que puedo dormir! Cuando alguien separa al bebé de su madre y entonces a él le cuesta dormirse, ¿tiene entonces insomnio? ¡Verás qué bien duerme si se lo devuelves a la madre!»

Lo esencial es más bien encontrar el camino que el mismo bebé señaliza: aquí me siento a gusto, aquí me relajo. Así funcionará el siguiente paso; el camino hacia el sueño.

Patrones de sueño

¡Duerme bien bebé!

Schlaf gut, Baby

Siguiendo el mismo orden de ideas en su nuevo libro Schlaf gut, Baby! (¡Duerme bien bebé!), escrito conjuntamente con la periodista de la revista ELTERN, el autor desmonta mitos y miedos alrededor del sueño infantil y aboga por una percepción individual y orientada al desarrollo de los niños, muy lejos de rígidas reglas. Basándose en conclusiones científicas y con sensibilidad, los autores animan a encontrar un camino propio que facilite el sueño del bebé.

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Acerca del autor

Herbert Renz-Polster

El doctor Renz-Polster es un pediatra y científico asociado del instituto de Mannheim de Salud Pública de la uiversidad de Heidelberg. Es considerado una de las voces expertas dentro del ámbito del desarrollo infantil. Sus obras «Menschenkinder» («Niños humanos») y «Kinder verstehen» («Entender a los niños») han influenciado al debate de la educación en Alemania. Es padre de cuatro niños.

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